Gladys Navarro Vera
Enfermera
Académica Facultad de Medicina UCSC.

La Organización Mundial de la Salud postula que una de las principales claves para mantener una población sana es a través de un envejecimiento activo, el que involucra la práctica de actividad física de manera regular. En concordancia con ello, uno de los objetivos estratégicos para esta década es mejorar el estado de salud funcional de las personas mayores, quienes superan las 2 millones 800 mil personas, de acuerdo al Censo 2017 realizado en el país.

Sin embargo, ¿qué nos muestra la realidad nacional? El sedentarismo en Chile alcanza al 80% de la población adulta mayor. Esta triste realidad nos desafía a trabajar en conjunto con la comunidad, para integrar la actividad física entre los hábitos más importantes y cotidianos de nuestras personas mayores.

¿Por qué es tan importante lograrlo? Porque hay evidencia científica que confirma que la mantención y mejoría de la funcionalidad es el mejor indicador de salud en la persona mayor. La funcionalidad, a nivel general, integra las dimensiones biomédica, física y mental. La biomédica se refiere al equilibrio de órganos y sistemas. Mientras, la física se relaciona a la capacidad de traslado y de ejecución de actividades de la vida diaria, y la mental está ligada a la capacidad cognitiva y afectiva.

La actividad física practicada de manera regular tiene múltiples beneficios para cualquier persona, independiente de su edad. Se asocia, por ejemplo, con un menor riesgo de morbilidad, ya que es un factor protector para el desarrollo de enfermedades crónicas. También, favorece el mantenimiento o mejora de la independencia funcional; incrementa la longevidad y disminuye el riesgo de discapacidad; mejora el equilibrio; disminuye la presión arterial y la grasa corporal; aumenta el consumo máximo de oxígeno, la sensibilidad a la insulina; mantiene la masa muscular, los rangos articulares y la fuerza muscular y mejora la circulación sanguínea.

Por otro lado, reduce la ansiedad y el estrés, aumenta la confianza y la autoestima, mejora el estado de ánimo y los patrones de sueño. También es importante destacar que potencia la función cognitiva disminuyendo el riesgo de padecer demencias, es decir, maximiza la salud psicológica y la calidad de vida.

El movimiento es vida y si lo creemos así, ayudemos a mejorar la calidad de vida de nuestros mayores. ¿Cómo? Caminando, bailando, acompañándolos y moviéndonos con ellos.