Por Hannan Beech. New York Times.

Las estrategias de Singapur, Taiwán y Hong Kong han tenido hasta ahora resultados exitosos. Pero estas tácticas podrían ser imposibles de replicar en Estados Unidos y Europa.

Mientras las naciones de Occidente enfrentan la propagación descontrolada del coronavirus, la estrategia de Singapur, de moverse con rapidez para localizar y realizarles pruebas a casos sospechosos, es un modelo para mantener controlada la epidemia, aunque no aniquila por completo las infecciones.

Con un detallado trabajo detectivesco, los rastreadores gubernamentales de contactos encontraron, entre otros, a un grupo de entusiastas de la música que cantaban juntos y expulsaban gotículas respiratorias, con lo que propagaron el virus a sus familias y luego a un gimnasio y una iglesia, y terminaron por formar la mayor concentración de casos en Singapur.

“Queremos estar uno o dos pasos adelante del virus”, comentó Vernon Lee, director de la división de enfermedades contagiosas del Ministerio de Salud de Singapur. “Si persigues el virus, siempre estarás en desventaja”.

Singapur, junto con Taiwán y Hong Kong, cuenta con estrategias exitosas, al menos hasta el momento, para combatir una pandemia que ha infectado a más de 182.000 personas y ha cobrado la vida de al menos 7300 en todo el mundo. A pesar de haber registrado los primeros casos del virus hace meses, estas tres sociedades asiáticas han detectado apenas un puñado de muertes y relativamente pocos casos, aunque siguen enfrentando riesgos pues la gente que proviene de focos nacientes de infección en Estados Unidos, Europa y cualquier otra parte del mundo transporta el virus.

La intervención temprana es clave, al igual que un rastreo minucioso, cuarentenas obligatorias y un distanciamiento social meticuloso, todo bajo la coordinación de líderes dispuestos a actuar rápido y a ser transparentes.

En Singapur, la información sobre los lugares donde viven, trabajan y juegan los pacientes se divulga rápidamente en línea, y esto permite que los demás se protejan. Los contactos cercanos de los pacientes son sometidos a una cuarentena para limitar la propagación. Esta semana, el gobierno fortaleció aún más sus fronteras para protegerse en contra de una nueva ola de infecciones importadas.

Algunas de estas lecciones llegaron demasiado tarde a Estados Unidos y Europa, donde el contagio se está propagando mientras algunos gobiernos demoran y debaten las medidas.

Además, los sistemas de monitoreo en Singapur, Taiwán y Hong Kong fueron perfeccionados a lo largo de varios años, después de haber tenido fallas para detener otro brote peligroso —el SRAS— hace 17 años. Estados Unidos disolvió su unidad de respuesta pandémica en 2018.

También está la duda de cuán replicable es este modelo de los centros asiáticos más pequeños en los grandes países occidentales donde las personas podrían irritarse por el aprovechamiento de cámaras de circuito cerrado de televisión o de los registros de inmigración para la salud de todo un país. Este tipo de control de enfermedades infringe las libertades individuales, y lugares como Singapur, donde se prohibió la goma de mascar, hay más disposición a aceptar órdenes del gobierno.

“Quizás sea por nuestro contexto asiático, pero nuestra comunidad está un poco preparada para esto”, dijo Lalitha Kurupatham, subdirectora de la división de enfermedades transmisibles en Singapur. “Seguiremos luchando, porque el aislamiento y la cuarentena funcionan”.

Singapur, un país rico y ordenado ha pasado años construyendo un sistema de salid pública que incluye clínicas especiales para epidemias y un sistema de mensajería oficial que insta a las personas a lavarse las manos y a estornudar en un pañuelo durante la temporada de influenza. La Ley de Enfermedades Infeciosas le da a este estado nación una amplia facultad para priorizar el bien común por encima de las precupaciones de privacidad.

“En tiempos de paz planeamos para epidemias como esta”, dijo Kurupatham.

Como la responsable del programa de rastreo de contactos en Singapur, ha estado trabajando 16 horas al día durante dos meses y su descripción de una guerra contra la enfermedad está en función de la vulnerabilidad al contagio. Singapur es un puntito rojo en el mapamundi pero también una isla densamente poblada donde cada vuelo es internacional.

En los primeros días del brote, Singapur fue muy vulnerable debido a una gran población de China continental que llegó durante las festividades del Año Nuevo chino.

Las decenas de casos confirmados en Singapur son el reflejo de la disponibilidad gratuita y generalizada de las pruebas. Muchos fueron casos leves que de otra forma no habrían sido diagnosticados. Sin embargo, Singapur se apresuró para detener la posibilidad de una transmisión desbocada a nivel local.

“Hasta que se supo de Italia, Corea e Irán, Singapur era el peor caso aparte de China”, comentó Linfa Wang, director del programa de enfermedades infecciosas nacientes de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur-Duke. “¿Por qué no nos sentimos así? Porque el gobierno es muy transparente y porque esa cifra significa que somos muy eficaces en el rastreo y aislamiento de cada caso”.

A pesar del pánico que surge en todas partes, la mayoría de los singapurenses no usa cubrebocas en la calle porque el gobierno les ha dicho que no es necesario para su seguridad. La mayoría de las escuelas están abiertas, aunque con almuerzos espaciados entre sí para evitar las grandes multitudes. Hay bastante papel de baño.

Hasta el martes por la noche, Singapur tenía 266 casos confirmados. Tan solo una fracción son misterios, pues no están relacionados con un viaje del extranjero ni con grupos de infección locales previamente identificados, los cuales incluyen iglesias y una cena privada.

Cerca de 115 pacientes han sido dados de alta del hospital. Singapur no ha registrado muertes por el coronavirus.