El área, fuertemente fortificada, alberga las sedes diplomáticas y de delegaciones extranjeras en la capital iraquí. Casi en simultáneo testigos dieron cuenta del segundo ataque, a unos cien kilómetros al norte. No se reportaron víctimas fatales.

Dos proyectiles impactaron el sábado en la Zona Verde de Bagdad, el barrio fortificado y bajo alta protección donde se encuentra la embajada estadounidense y que el martes fue asaltado por miles de manifestantes favorables a Irán, indicaron responsables de seguridad iraquíes de la zona.

El ejército iraquí dijo que uno de los proyectiles golpeó dentro de la zona, mientras que otro aterrizó cerca del enclave. Testigos informaron que las sirenas sonaron en el edificio diplomático de EEUU.

Además, dos misiles impactaron —también el sábado por la noche— contra la base militar aérea de Al Balad que albergaba tropas estadounidenses al menos a un centenar de kilómetros más al norte.

Según el comando militar iraquí, ninguno de los dos ataques provocó víctimas. Sin embargo, el comandante de la base de Balad, Sahi Abd al Amri, informó de tres militares heridos. Al Amri explicó que tres proyectiles de mortero cayeron en la zona uno en la pista del aeródromo y dos fuera de la valla de protección.

Un oficial, que pidió no develar su nombre, señaló que las fuerzas estadounidenses desplegadas en esas instalaciones se han declarado “en alerta”. Al Balad es una de las bases más grandes de Irak y en ella hay tropas y asesores de la coalición internacional antiyihadista liderada por Washington.

Inmediatamente después de los ataques registrados en la noche del sábado, drones estadounidenses sobrevolaron la base en misiones de reconocimiento, añadieron estas fuentes.

Estados Unidos desplegó esta semana refuerzos militares en el área para proteger su legación diplomática tras ese asalto, y después del ataque con un drone que mató el viernes al general iraní Qassem Soleimani en Bagdad.

Mientras tanto, los llamados a la “venganza” se multiplican tanto en Bagdad como en Teherán.

Estados Unidos considera desde hace varios meses que las facciones armadas pro-Iraníes en Irak representan una mayor amenaza que los yihadistas del grupo Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), y denuncia que sus acciones han significado una amenaza para ciudadanos y soldados estadounidenses en el terreno.

En efecto, desde finales de octubre, los intereses de Estados Unidos en Irak fueron blanco de trece ataques con cohetes. En uno de ellos murió un contratista estadounidense en una base del centro petrolero del país.

Ninguno de estos ataques fue reivindicado, pero Washington los achaca a las facciones pro-Irán del Hashd al Shaabi, agrupada en la coalición de paramilitares llamada Fuerzas de Movilización Popular (PMU) integrada ahora en el Estado.