— Elda Cantú. New York Times.

¿De verdad hace falta quedarse en casa?.

Si te encuentras en España, Perú, Italia o Estados Unidos tal vez estés trabajando desde casa. Desde el fin de semana distintos países en América Latina han cerrado sus fronteras, entre ellos Costa Rica, Chile, Ecuador, Perú y Honduras. Y en muchos otros, la restricción va más allá e impide que la mayoría de las personas salgan de casa [en inglés], una medida que divide y asusta.

Pero en vastas regiones del continente, millones de personas siguen estornudando en atestados vagones del metro o apretujándose en festivales musicales, como sucedió en México hace un par de días. La propagación del virus es invisible pero sus efectos en el cuerpo pueden ser tan devastadores como desconcertantes.

Las cifras de nuevas infecciones en todo el mundo siguen creciendo (173.800 hasta anoche) y los gobiernos van implementando medidas de emergencia. Pero, puertas adentro, los pequeños actos de millones de personas resultan poderosos, como lavarse las manos o comprar víveres con inteligencia o, claro, quedarse algunos días sin salir.

Diego Fonseca, colaborador de Opinión, escribe desde su encierro en Igualada, en Cataluña: “Si nos cuidamos, cada individuo sano o con una enfermedad leve —ambos recluidos en casa— quita presión sobre el sistema de salud. Un individuo puede cambiar por sí mismo y, en la distancia corta, ser influencer familiar y de sus amigos”.