En Nepal, la crisis de la COVID-19  ha afectado de forma particularmente grave a los pueblos indígenas. Tuvimos que aprender una nueva terminología y utilizar palabras como cuarentena, autoaislamiento, desinfectante para las manos y distanciamiento social.

Pratima Gurung Secretaria General de la Red Mundial de Pueblos Indígenas con Discapacidad Presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Indígenas Discapacitadas de Nepal.

También tuvimos que cumplir normas que antes no regían nuestra vida. Los pueblos indígenas no están acostumbrados a lavarse las manos continuamente porque nuestra cultura está muy vinculada con la madre Tierra y porque, por lo general, no disponemos de agua corriente.

La situación ha sido aún más compleja para los indígenas con discapacidad, como en mi caso. No puedo mantener una distancia social al precisar ayuda. Puedo arreglármelas sola, pero como únicamente tengo una mano no he podido observar estrictamente todas las recomendaciones sanitarias, lo que me provoca gran ansiedad. La pandemia me ha hecho sentir más «discapacitada» que nunca.

Esa es la situación que deben afrontar a diario las personas indígenas con discapacidad. La mayoría de ellas no disponen de acceso a suministros médicos vitales, por ejemplo, las personas con lesiones de médula espinal que precisan catéteres, o los hemofílicos que necesitan plasma.

Las mujeres indígenas con discapacidad han tenido que hacer frente a situaciones de discriminación, violencia y abuso. También han aumentado los casos de suicidio durante la pandemia.

Los pueblos indígenas constituyen alrededor de un tercio de la población del país, a saber, alrededor de 11 de los 30 millones de nepalíes. Sus necesidades específicas han de atenderse teniendo en cuenta su cultura.

Cuando las autoridades anunciaron el confinamiento, las personas con discapacidad y los pueblos indígenas no pudieron obtener información sobre el virus en idiomas nativos, locales o de signos, por no haberse adaptado aún las campañas sanitarias públicas sobre la COVID-19 a la cultura indígena.

Pese a que el gobierno del país distribuye paquetes de asistencia a algunos residentes, la mayoría de los pueblos indígenas no poseen la documentación necesaria para recibir esa ayuda. Para obtenerla, es necesario poseer una tarjeta de ciudadanía o de discapacidad, o inscribirse oficialmente a tal efecto. Por lo general, los grupos vulnerables y marginados como los pueblos indígenas y las personas con discapacidad no poseen dicha documentación, por lo que quedan excluidos de la prestación de esos servicios. Algunas personas se están muriendo de hambre.

No disponemos de información exhaustiva sobre la situación real en el país. Nepal está confinado a escala nacional desde marzo, confinamiento que se ha prolongado en seis ocasiones aproximadamente. Como los casos de COVID-19 son cada vez mucho más frecuentes, las medidas de confinamiento se ampliarán hasta el 22 de julio.

Con objeto de mejorar la situación, en primer lugar es necesario evaluar adecuadamente la situación sobre el terreno. Los pueblos indígenas, en particular las personas con discapacidad, tienen necesidades específicas. Al no disponer de datos desglosados por sexo, edad, etnia, grado de discapacidad, estado de salud, nivel de ingresos y ubicación geográfica no podemos analizarlas adecuadamente. Adoptar un enfoque general no es eficaz.

Espero que las medidas que se han puesto en marcha (cuyo objetivo es fortalecer los sistemas sanitarios, facilitar la recuperación del empleo y mejorar el acceso a la protección social) no nos dejen atrás. Es necesario que participemos en todos los debates en los que se aborden esas cuestiones porque sólo nosotros sabemos cómo nos afecta la pandemia. Habida cuenta de ello, la aplicación del Convenio núm. 169 de la OIT reviste más importancia que nunca.

Como activista, la situación ha constituido un gran reto personal, para mí y para mi organización. Estoy confinada en Katmandú y no puedo viajar. Tengo la sensación de que no ayudo a mi pueblo tanto como desearía. Temo que cuando sepamos lo que realmente sucede sobre el terreno tengamos que afrontar una situación aún peor que la que padecimos a raíz del seísmo de 2015, que devastó nuestro país.