En el mirador principal del Parque Arqueológico Chug Chug, tuvo lugar la ceremonia de cierre del Fondo Patrimonial que desarrolló Minera El Abra, filial de Freeport-McMoRan.

La Fundación Desierto de Atacama se adjudicó el desarrollo del Proyecto, que buscó el rescate y puesta en valor de este sector patrimonial con más de 2.500 años de historia. El proyecto involucró a las comunidades Aymara de Quillagua e Indígena Atacameña de Chunchuri, quienes administran el Parque Chug Chug, que tiene categoría de sitio protegido. Ambas comunidades en conjunto con la Fundación conformaron la Mesa Intercultural del Parque Chug Chug.

El proyecto, que incluyó la formación de una plataforma de trabajo para la investigación y conservación de la zona, desarrolló una serie de medidas como la elaboración de un plan de manejo, la confección de un guion interpretativo y un programa expositivo, el diseño de circuitos y senderos, el sostenimiento y mejoramiento de las condiciones de trabajo de los monitores y la difusión de actividades educativas.


Esteban Araya Toroco, Coordinador del Parque Arqueológico Chug Chug, indicó que “este proyecto permitirá sensibilizar a las organizaciones sociales y a la ciudadanía del valor que tienen los vestigios arqueológicos que datan de la era prehispánica y de la ruta tropera que era transitada por aymaras, quechuas, changos y lickan antai”.


“Chug Chug era como una gran huaca (sitio ceremonial). Los indígenas hacían el trueque, descansaban, pernoctaban, pero no vivían allí, solo era zona de paso, porque la sequedad era absoluta y necesitaban agua para vivir”, señaló Araya.


Patricia Vargas Seguel, Superintendenta de Diálogo Comunitario de Minera El Abra, señaló que “para nosotros es importante colaborar con el patrimonio cultural de la región, entendiendo que hay una riqueza en el desierto que es muy importante relevar y sobre todo difundir a la comunidad, dado que no todos conocemos la riqueza cultural que tenemos en la zona”.


Chug Chug, que tiene 402 geoglifos, figuras antropomorfas, animales y geométricas- plasmados en sus cerros, se encuentra a menos de una hora de Calama. María José Lazcano, guía del parque arqueológico, señaló que llegan turistas de todas partes del mundo. “Incluso hasta de la India han venido a visitarnos. La gente se maravilla al ver cómo se mantienen los geoglifos al paso de 2.500 años”, dijo.


El proyecto incluyó el mejoramiento del mirador, paneles informativos e instalación de baños, con el fin de lograr un espacio más acogedor y accesible para los visitantes.
Incluyó además la elaboración de un plan de manejo que sintetiza los últimos siete años de trabajo en el parque, junto con las comunidades indígenas y sienta las bases para el futuro inmediato, 2020 a 2025.


Claudia Montero Poblete, coordinadora arqueológica de Fundación Desierto de Atacama, resaltó el hecho que el parque “será atendido por representantes de las comunidades indígenas, quienes se interiorizarán hasta de los últimos detalles del por qué del tránsito por la vía caravanera”.