El COVID-19 aceleró los procesos de digitalización de distintas áreas alrededor del mundo. En esta nueva realidad, el teletrabajo, las clases a distancia, la telemedicina y algunos trámites digitales han sido los protagonistas de los últimos meses. Sin embargo, no todos estábamos preparados para la adopción de estas tecnologías y es necesario avanzar rápido para que nadie quede fuera de esta revolución.

Es aquí donde la industria de las telecomunicaciones juega un rol fundamental, especialmente en dos aspectos: equidad e inversiones.

Nos encontramos próximos a un proceso de licitación de espectro, que permitirá, por una parte, el robustecimiento de la red 4G y, por otra, el desarrollo del 5G en el país. El despliegue de esta tecnología de quinta generación, implicará una importante inversión, lo que será clave en la reactivación económica de Chile, permitiendo la creación de nuevos empleos y emprendimientos, posibilitando la descentralización con el desarrollo de nuevos polos industriales.

Pero el despliegue de esta tecnología también traerá beneficios a los ciudadanos, con mejores y mucho más rápidas experiencias de navegación, acceso a nuevas tecnologías (como el IoT), la capacidad de poder teletrabajar o educarse a distancia o, incluso, facilitando la realización de trámites con el Estado.

El 5G representará el 50% en materia de equidad digital, pues la otra mitad de la ecuación recae en el proyecto de Fibra Óptica Nacional. Juntos, estos proyectos permitirán que el desarrollo digital llegue a todo el país, reduciendo las brechas digitales de las que hemos sido testigos durante años y que la emergencia sanitaria ha dejado en evidencia.

El desarrollo digital del país está más cerca de lo que creemos, y es tiempo de invertir y acelerar el despliegue de nuevas tecnologías que beneficien al país y especialmente en avanzar a paso firme en la democratización de las telecomunicaciones.