La mano dura del gobierno de Iván Duque no consigue aplacar las protestas antigubernamentales en Colombia. Por tercer día consecutivo y a pesar de la fuerte presencia policial, miles de personas, la mayoría jóvenes, se echaron el sábado a las calles de Bogotá para exigir la renuncia del presidente.Un manifestante resultó herido grave al ser golpeado en la cabeza por una bomba aturdidora.

«Mira como nos tienen… Estamos acorralados. Nos están mandando bombas aturdidoras y gases lacrimógenos. ¿Qué estabamos haciendo? Nada. Teníamos los brazos en alto y les estábamos gritando que «por favor, sin violencia», explicaba una joven.

Según testigos presenciales, en el incidente con un herido grave no hubo ninguna provocación previa de los manifestantes, lo que ha levantado un aluvión de críticas. Duque, que el viernes decretó el toque de queda en Bogotá tras los saqueos y disturbios que siguieron al paro nacional del pasado jueves, permanece inmutable:

«Aquí está el gobierno nacional, aquí está el gobierno local. Aquí están todas las fuerzas militares y de policía. Y no dejaremos de aplicar ninguna medida disponible para garantizar el orden público en el país», afirmó Duque.

En un difícil ejercicio de equilibrio, la Organización de Estados Americanos ha recordado que el derecho a la protesta pacífica y a la libertad de expresión debe ser siempre respetado, al tiempo que ha condenado los actos de vandalismo que empujaron a Duque a decretar el toque de queda.

«La verdad es que es el peor gobierno que hemos tenido en Colombia. Estoy aquí para que se haga justicia y para que todo cambie», insistía una joven con una queja muy expandida entre los manifestantes.

Las duras medidas de austeridad que preparaba el Gobierno, las demandas de los estudiantes universitarios, los continuos asesinatos de líderes sociales… razones no faltan en Bogotá para sacudir con fuerza las cacerolas del descontento….