Los días  se suceden con un suave vaivén primaveral anexos a una temperatura en alza que va inundando nuestra realidad, y de esta forma, nos acerca a un nuevo fin de año. De paso, el serpenteante devenir electoral nos trae un nuevo evento de primarias que permitirá ungir a los candidatos faltantes para competir en abril del 2021.

Atrás queda octubre con sus dilemas y consignas de rechazo versus pruebo, que se van deshaciendo como un castillo de arena. No obstante, mientras los días se esfuman y el tiempo corre, algo de permanencia resiste en la retina de nuestros compatriotas, la conciencia de un trabajo inacabado, una larga lista de oficina  que se posterga una y otra vez.

-Al respecto es bueno detenerse- Y es que la procastinación de temas urgentes por parte del gobierno y el congreso, es causa esencial de esa sensación. Así, encontramos que respecto a: Salud, Pensiones, Seguridad, Vivienda, Migración, Empleo o Reactivación económica, el avance es magro o derechamente nulo. No obstante, el curso de dilación y el arte de postergar gran parte de lo relevante hacia un futuro posible, sigue una marcha impasible.

La esencia del cuerpo político pareciera estar en una fatiga crónica, una suerte de burnout que imposibilita consumar lo significativo, o simplemente dirigirnos hacia un destino de certezas elementales.   

-Es primavera, y el tiempo invita a salir de la prolongada cuarentena-

De esta forma, las restricciones de pandemia parecen ir cediendo a un proceso de apertura. Las vocerías de antaño pierden  vigor, y lo mismo las opiniones  sobre el tema. La ciudadanía parece demandar romper la inercia de la cuarentena, buscando refugio en espacios abiertos, bares y playas, tal cual ocurrió en otros lugares del mundo en su momento. El hastío se ha consumado y el inmovilismo no parece ser asumido allí donde diversos actores claman y buscan clausurar el esquema que se instaló producto de las restricciones sanitarias.

Desde el extranjero, nos informamos que las  elecciones de Estados Unidos presentan una disputa insospechadamente reñida  (con demanda incluida), mientras Evo Morales retorna a Bolivia después de un año, Argentina experimenta la fuga de inversores más notable de los últimos años, y en el Perú, una crisis política ha desencadenado una nueva destitución presidencial y en cosa de días, la renuncia del reemplazante.

América retrata un ritmo febril, movedizo y de cambios que parecen ser parte de una dinámica mayor. La anhelada estabilidad parece entrelazada en procesos rupturistas de mediana o gran intensidad. – Nada Nuevo bajo el sol-

Volviendo a nuestro país, constatamos que no estamos ajenos a ese signo, amén de haber retomado algunos rituales tradicionales, el frenesí disruptivo que podemos observar es evidente; Un segundo retiro del 10%, acusaciones constitucionales en curso, demandas, remedos de unidad, candidaturas emergentes, cambios de ministro, congelamientos, solicitud de cambios y un sinfín de maniobras diversas que nos han ido acostumbrando a una suerte de vértigo que embota y a ratos quiebra el sentido de realidad.

Cierta banalidad se instala, es la dinámica de salvar de alguna forma el presente a costa de hipotecar el futuro. Esa mirada de presente sin mañana, suele ser atractiva, sobretodo para quienes disfrutan de satisfacer aplausos y like en las redes sociales.

Aquí se cumple con aquella frase de Milan Kundera: “La gente, en su mayoría, huye de sus penas hacia el futuro. Se imaginan, en el correr del tiempo, una línea más allá de la cual sus penas actuales dejarán de existir”.

En ese ritmo vertiginoso de escaramuzas y reyertas que traen un signo líquido, se va configurando la nueva realidad del cuerpo político. Un oficialismo que se resquebraja gradualmente, el presidente que intenta liderar, aunque su voz y capacidad lo muestren cada vez más irrelevante ante la escena nacional. La ausencia de una imagen simbólica o concreta de autoridad ayuda a profundizar el curso de los acontecimientos, donde  más bien existe una suerte de levedad extrema que hace pensar en una figura frágil y decadente, algo se extingue con dicha sensación, y no es sólo la figura personal del gobernante.

Desde la oposición en tanto, se viven momentos de fortaleza a través de  acciones que implican básicamente golpear al gobierno. Así lo observamos en la acusación contra el antiguo ministro del interior, en el bloqueo de la reforma que buscaba la disminución de Diputados y Senadores, o en el caso del segundo retiro del 10%. Por el momento, obstruir o derechamente rechazar alguna iniciativa del ejecutivo, se ha constituido en el principal activo que ofrece el heterogéneo grupo opositor. No obstante,  aún falta lo relevante; unidad en las ideas, proyectos y propuestas hacia el país.

La dinámica descrita posee un rostro misceláneo de juego, travesura y también rupturismo, es un proceso que pertenece al desafío propio de ciertas etapas de la vida donde confrontar la imagen de autoridad es un mandato. – Matar al Padre, en lenguaje del psicoanálisis-

De esta manera, cual fase adolescente nuestro país deconstruye su estructura y cimientos de lado a lado, para dar curso a sus pulsiones.

En medio de todo este proceso, los días corren veloces. Noviembre será un mes bisagra, y de allí enfilaremos directamente al receso veraniego, para luego transitar sin intermedios a  la estación de mayor relevancia política de las últimas décadas. Abril y el otoño, marcarán  la hora de la verdad. Simbólicamente, también nos llevará a responder ante la demanda de  esclarecimiento respecto a todo lo expuesto y configurado hasta ahora. La espera habrá terminado, las hojas comenzarán a caer y un nuevo hito se habrá consumado en este largo camino.