Por Edgar Blanco Rand.

Hoy está siendo analizado en la Cámara Alta la Ley de Migraciones y Extranjería. Recientemente la Comisión de Hacienda concluyó el estudio en particular del texto que legalmente fue analizado por las instancias del Gobierno y Derechos Humanos. En este contexto, es que hay una serie de condiciones e indicaciones que no sólo están en el debate parlamentario sino que también deben ser conocidos por la opinión pública.

Nuestro Gobierno ha sido muy enfático en que esta nueva ley debe acoger a nuestros hermanos migrantes que vienen a aportar al país y que no sólo lo cobija individualmente sino que también a su familia, velando por los derechos y dignidad de cada uno de sus miembros. Todo lo anterior bajo nuestras leyes, pudiendo desarrollar al máximo sus capacidades y aptitudes, además de estar al servicio del desarrollo y crecimiento de Chile. Por estos motivos, es fundamental velar por el cumplimiento de los derechos y deberes que considera una migración ordenada, segura, responsable y controlada. 

Es trascendental, para dar paso al cumplimiento de estos objetivos la regularización de la situación de los migrantes desde su país de origen. No queremos continuar con el turismo laboral, en donde llegan desde otras naciones como turistas para luego quedarse viviendo en la ciudad, por haber obtenido un empleo que concluye en residencias definitivas a personas que entraron a nuestro país de forma ilegal. Estas situaciones provocaron en el pasado una problemática y caosmigratorio aún visible. Por eso hoy más que nunca, es necesario que las visas laborales sean entregadas en los consulados de sus países de origen y así lo ha destacado el Canciller, Andrés Allamand.

La idea es que cuando los extranjeros ingresen a nuestro país ya cuenten con sus antecedentes en regla y con la documentación necesaria. A medida que la pandemia sea controlada por medio de vacunas, la migración volverá a aumentar. Es por eso que debemos estar preparados para recibir a nuestros hermanos migrantes de una manera protegida y regulada. Esta protección tiene que cautelar los derechos internacionales del migrante, pero también el derecho que tienen nuestros compatriotas de desenvolverse en trabajos oportunos y bien remunerados dentro de su propio territorio.

Aún falta tiempo para aprobar esta Ley de Migraciones y Extranjería, por lo que necesitamos mirar las exitosas experiencias a nivel mundial y adecuarlas a nuestra realidad, generando un debate que nos permita avanzar, llegar a acuerdos y a un entendimiento común. Porque como región y país valoramos la inserción de los migrantes y es por esto que necesitamos que se renueve la actual ley, transformándola en una legislatura moderna, que venga a garantizar la llegada a Chile de forma legal, ordenada y regular con políticas inclusivas e integradoras, propiciando un espacio de asentamiento que permita que los extranjeros puedan desarrollarse no sólo en cuanto a oportunidades laborales, calidad de vida y diversidad cultural, sino que también cumpliendo nuestras leyes y normas y respetandolos derechos constitucionales de un Estado democrático.