Hoy Chile se enfrenta a las consecuencias de una sociedad, que a través del tiempo a instaurado en sus bases una cultura del “SIN RESPESTO”.

Sabemos que, aunque pensemos distinto, seamos diferentes y tengamos distintas posturas frente a la vida, el respeto es una ley moral que debe regir ante todo.

Los chilenos aprendimos a no respetar:

Crecí en una dictadura donde durante 17 años se protestaba y movilizaba sin robos ni saqueos. Donde las artes y la música constituían la piedra o proyectil más poderoso frente a las injusticias sociales.

Con la democracia comenzamos lentamente a construir una sociedad garantista y llena de derechos y sin valores ni deberes.

Los hijos de la democracia crecieron viendo una sociedad donde la ley no era respetada, donde se dejó de entregar una visión objetiva de nuestra historia para pasar a una fragmentada y sesgada mirada ideológica que sólo creó una conciencia anti valórica.

Una democracia de los derechos, que si bien se debía instaurar tenían que ir de la mano de su conciencia valórica, llamada deberes.

Sin respeto a la ley no se puede estructurar una sociedad, sin respeto a la ley solo hay caos y no hay paz.

Todos los actos vandálicos y saqueos producidos por estas hordas o masas descontroladas, tienen como por consigna, “nosotros no respetamos la ley”.

Pero obviamente esta transgresión jurídica tiene como antecedente una estructura legal nefasta y deficiente para nuestra sociedad, la llamada reforma procesal penal que comenzó a instalarse a comienzos del año 2000. Cuya espina dorsal ha hecho que se privilegie y le de garantía a los delincuentes y antisociales por sobre sus victimas.

Fue así como asesinatos, abusos contra menores, robos con violencia, destrucciones a escuelas públicas, femicidios, la mayoría de sus imputados comenzaron a quedar impunes ante la ley no sólo en una ocasión sino infinitas veces. A quien se protegió, al que transgredía la ley.

Pero no sólo los ladrones y mecheras quedaron en esta puerta giratoria indefinida,  sino también delincuentes de cuello y corbata.

Caso Penta, colusiones de las farmacias, colusiones de empresas de alimentos, perdonazos tributarios a grandes tiendas, y todos los casos GATES que no vale la pena seguir mencionando. Todo esto tiene una línea en común la falta de respeto a la ley y aun sistema procesal obsoleto e inoperante.

Pero la guinda de la torta de este atropello a ley la vemos reflejados en aquellos ilustrísimos parlamentarios que bajo su vestidura de honorables,  cometen ilegalidades a vista y paciencia de toda la sociedad chilena quedando impunes ante la dolorosa mirada de sus victimas. Un senador que dio muerte a un carabinero, una diputada que fue arrestada por robo en lugar no habitado, parlamentarios coludidos con las grandes empresas para realizar leyes que las favorezcan, etc, etc.

Los partidos políticos no se quedan atrás infringiendo leyes de financiamientos de las campañas, empresas infringiendo leyes por cobros indebidos, generales de carabineros y de ejército sacándole todo el provecho a sus cargos de autoridades para su beneficio económico y para colmo el garante moral de nuestra sociedad,  la iglesia católica, sumida en la debacle más grande de abusadores y pedófilos. El que este libre de pecado que lance la primera piedra.

Este es el cambio más estructural que nos falta, el respeto, y sin esto todas las medidas coyunturales aclamadas por el pueblo caerán en un desierto seco y sin frutos.

Hoy soñamos con ser un país desarrollado y esos países tienen como base el apego a ley como fortaleza de un estado y quien quiera salirse de ella es condenado con la más grande espada ejemplificadora de la justicia.

Sin leyes duras no hay respeto, sin respeto no hay valores ni paz y sin paz una sociedad se debilita y muere.

Francisco Rodríguez.

Periodista y Cientista Político