Karen Araya Acosta, Profesora de Biología y Química, Licenciada en educación, Postitulo en adm. educacional, Magister en desarrollo curricular y proyectos educativos.

En un abrir y cerrar de ojos, aludiendo a la rapidez con que pasa el tiempo, nuestro país y cada uno de los ciudadanos Chilenos, llevamos casi 5 meses entre cuarentenas parciales y totales por el COVID-19. Situación que a muchos nos afecta de diferentes maneras, desde lo económico hasta lo emocional. Sin embargo algunas autoridades ya hablan de “Desconfinamiento” entendiendo esta como una nueva normalidad que va a permitir reincorporarnos paulatinamente a nuestros lugares de trabajo y/o estudios a medida que la situación sanitaria vaya mejorando según lo previsto. Lo anterior con la intención de ir recuperando la economía del país y evitar pérdidas laborales y académicas según corresponda en cada caso.

En el área educacional la vuelta a la normalidad involucra situaciones diarias que podrían poner en riesgo a los estudiantes y sus familias, siendo los niños y jóvenes los principales vectores de un grupo humano si consideramos las horas en un lugar cerrado como el Aula, el contacto inminente con sus pares y el trayecto ida – vuelta desde casa al lugar de estudios.

Sanitariamente no es posible pensar en un regreso a clase ante una nueva normalidad, pues podríamos incurrir en una imprudencia al exponer a nuestros docentes y estudiantes a contagio e incluso un rebrote, considerando que la OMS ha creado una alerta importante y hasta hoy se está observando que en países como Alemania, Uruguay, China, Corea del Sur, Portugal, Japón y Australia han habido rebrotes del virus, por lo que la palabra clave en la actualidad, más que desconfinamiento, debería ser “Prudencia”.

Pero en el ámbito educacional tenemos una excelente alternativa propuesta por profesionales del MINEDUC que nos permite mejorar las habilidades en el aprendizaje a través de una propuesta como la priorización curricular, la cual se define como una herramienta de apoyo curricular para las escuelas que permita enfrentar y minimizar las consecuencias adversas que han emergido por la situación mundial de pandemia por Coronavirus. Ante esta propuesta, se puede visualizar una instancia para potenciar el desarrollo y formación integral de los alumnos abarcando necesidades educativas que no solo le permitan desarrollarse en el ámbito académico sino también en lo social, adquiriendo herramientas como habilidades blandas y compartiendo la responsabilidad y compromiso con la formación académica sobre todo en este tiempo en que los estudiantes trabajar y estudian por medio de plataformas y no tienen contacto directo con los docentes más que en lo virtual. Pero para que esto ocurra, necesitamos encargarnos y asegurarnos que todos los estudiantes y docentes cuenten con las mismas herramientas en casa mientras la situación de salud en nuestro país va decantando y asegurando la salud física y mental de los Chilenos. Para lo anterior, es necesario proveer una solución momentánea pero efectiva para quienes no tienen las comodidades tecnológicas básicas para ser partícipes de una clase y asegurar que el proceso académico se esté llevando a cabo de forma segura, acompañando al docente y estudiante, entendiendo la realidad actual, no saturando al docente, entregando herramientas y haciendo más ameno este sistema educativo virtual que nos llegó de golpe a todos.