La búsqueda para impulsar un nuevo estatus de derechos y deberes entre ciudadanos y regentes, se remonta a la firma de la denominada “Carta Magna” del año 1215.

Nacida producto del conflicto entre el Rey, y algunos Barones rebeldes que buscaban resguardar sus derechos ante quién fuera reconocido como el peor monarca de la historia de Inglaterra, abriría el camino para que siglos después se replicará en el proceso de  Estados Unidos en 1789  o en la Francia de 1791, que da el impulso definitivo a un largo camino hasta el presente, por la búsqueda de un nuevo pacto legal que renueve la convivencia nacional.

Siguiendo dicho signo, nuestro propio país posee un camino no despreciable de ensayos y errores, que hasta la fecha contiene un total de 10 textos constitucionales. Destacando principalmente entre estas; la Constitución del 33, 25 y 80 respectivamente, que aluden a las fechas de origen.

Dicho pacto fundante, ha sido impulsado en diversas variantes o formatos,  utilizando no sólo la perspectiva primigenia. Así, las encontramos como sello refundacional, apuesta de reforma acorde a los tiempos, e inclusive, como un ejercicio de participación sin más destino que la motivación por la búsqueda de un futuro anhelado desde el agobiante presente.

Quizás por ello, la  condición de conflicto, demandas, acuerdo, reglas comunes, derechos civiles u otros conceptos pueden parecer aún frescos en nuestra memoria, puesto que han venido siendo repetidos en forma reiterada en el tiempo,  y terminaron por plasmarse como un mandato, en el pasado plebiscito del 25 de octubre.

De ahora en más, el itinerario está definido y en el mes de abril del 2021, se realizará la elección de los integrantes que integrarán la Convención Constitucional. Quizás sea justamente este último aspecto, el que mayor relevancia destaca ante procesos anteriores, junto con la paridad e inclusión de pueblos originarios (cuya definición extra al número definido para lo Convencionales, no estuvo exenta de polémica la semana pasada).

-Hasta ahí todo relativamente bien- Sin embargo, el devenir nuevamente plantea desafíos incluso más profundos que la votación de entrada, pues  si bien el apoyo a un nuevo marco legal  fue importante dentro de los participantes del pasado domingo, también corresponde reconocer la evidente diversidad de los mismos.

Dicha diversidad no es baladí, pues allí encontramos la esencia de los posibles integrantes de la Convención Constitucional y redactores de la misma. Así, están por ejemplo, quiénes firmaron el acuerdo por la Paz de noviembre (que dio curso a esta iniciativa)  y aquellos que lo rechazaron frontalmente (buscando otros medios y fines).

Luego, un segundo bloque representado por integrantes del oficialismo y otros, de la oposición.

Finalmente, se encuentra un tercer segmento, compuesto por quiénes ven en una nueva Constitución un genuino proyecto que albergue a los chilenos conforme a normas actualizadas, y otros, que aparentemente pretenden transformarla en una suerte de escaparate de deseos o petitorios. Estos tres grupos coincidentes en el apruebo, encarnan sin lugar a dudas proyectos y motivaciones disímiles que estarán en mayor o menor tensión durante  una futura Convención. De allí, que no sea una mera anécdota mencionarlo.

Por otro lado,  tampoco podemos obviar a los integrantes del rechazo, que obviamente buscarán sumarse a participar, y allí, nuevamente encontramos matices, con partidarios y críticos del acuerdo por la Paz, como también adherentes y desafectos del gobierno.  Sin embargo, todos con un punto en común;  opositores de asumir una hoja de ruta desde cero. Dicho núcleo, equivalente al 22% puede ser una voz de homogeneidad mayor que los anteriores y asimismo, un grupo basculante o disruptivo.

Considerando esta breve descripción de los participantes, el primer escollo a superar por los grupos organizados, será la conformación de alianzas para competir. Algo que sin lugar a dudas puede complicar a las principales coaliciones, dado que a simple vista los objetivos y características mencionadas de los distintos grupos, no son plenamente coincidentes.

Luego de ese trámite (no menor), la asignación de cupos para competir por los escaños, sin lugar a dudas representará un desafío mayor, y ya comienza a producir dolores de cabeza. Lo anterior, dado porque simplemente los números no cuadran con las expectativas y cantidad de actores interesados en competir.

Así las cosas,  la unidad plena a simple vista resulta compleja, aunque seguramente será abordada con el reconocido pragmatismo de los actores.

Una primera conclusión que podemos obtener de toda esta esta dinámica, es que llevará a postergar a los ahora olvidados “independientes”. Los cuales en la primera hora fueron alzados como genuinos representantes del “pueblo”, y ahora más bien son vistos con cierta desconfianza e indiferencia. Seguramente los habrá, aunque no en la cantidad esperada, ni mucho menos en las características idealizadas en el imaginario nacional con la “Señora Juanita”.

Por el momento, el destino hacia la futura Constitución está en curso, veremos que sucede, pues los preparativos recién comienzan, y muchos esperan obtener un lugar en esta verdadera travesía, que también tiene algo de retorno, y por ello, quizás  nos recuerde algo a la Odisea